Que a un niño le guste jugar con muñecas o que a una niña le guste jugar con autitos no significa necesariamente que estemos frente a un niño transgénero pero, entonces, ¿cuáles son las señales que dan los niños en las que sí deberíamos detenernos como padres?.

Según la psicóloga Verónica Navarrete, coordinadora académica de Psicología de la Universidad del Pacífico, la identidad de género se relaciona con la sensación interna de ser hombre o mujer y comunicar su identidad a través de su ropa, manera de actuar, gustos que representan su expresión de género.

“Cuando el niño o niña plantea insistentemente que su género no coincide con su cuerpo, es momento de atender esos mensajes”, indica.

Según la especialista infanto juvenil, un infante comienza a mostrar señales desde muy pequeño, alrededor de los tres años, de una discordancia entre su identidad de género y su sexo biológico, tales como la preferencia por las cosas y objetos del sexo opuesto, y la referencia de sí mismo con la connotación del otro sexo.

Navarrete agrega que al presentarse esta situación es importante que los padres consulten lo antes posible a un equipo en salud mental especializado en el tema. Ello porque, mientras antes se haga, se puede evitar que aparezcan en el menor sentimientos depresivos, de angustia y estrés ante su confusión de ser niño o niña.

Sumado a esto, es importante prever que esta situación no sólo genera confusión en el niño o niña, sino que también en la familia.

“Generalmente la familia comienza a presentar dolor, miedo y aislamiento frente al posible rechazo social de su hijo o hija. En este sentido es importante el apoyo y la orientación a la familia, ya que en general tienden a obligar al niño o niña a actuar de acuerdo a su sexo biológico, lo que se asocia a depresión, trastornos de conducta y altas tasas de suicidio”, advierte.

En esa línea, la experta aconseja que el tema del trastorno de identidad de género sea abordado por un equipo multidisciplinario de salud, capaz de diagnosticar, orientar, contener y entregar los lineamientos de intervención, tanto a nivel del niño o niña como con su familia.

“Un equipo que explique y sea capaz de romper una serie de mitos en torno a la confusión entre la identidad de género y orientación sexual”, plantea.

Para el diagnóstico, la psicóloga dice que es importante la historia clínica orientada al desarrollo de la identidad de género y desarrollo psicosexual, que incluya la orientación sexual y aspectos de la vida cotidiana.

“También la evaluación de tipo ginecológico, andrológico, urológico y endocrinológico. Sumado a esto, una evaluación del área de la salud mental, desde lo psiquiátrico y psicológico, personalidad, imagen corporal, entre otros aspectos relevantes”, finaliza la experta.

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